Jansua sintió subir un escalofrío por su espalda y buscó en todas las direcciones una mirada, un gesto, algo que delatase quien había colocado esa foto ahí, pero parecía que nadie le prestaba atención. Todos limpiaban su correspondiente estantería. Devolvió la mirada a la foto. El cementerio de Perna era el cementerio de su pueblo y si bien en alguna ocasión se había rumoreado que allí pasaban cosas extrañas, finalmente todo había quedado en eso, en rumores. Rumores de los vecinos más entrados en años que se juntaban cada tarde en la plaza del pueblo, y rumores de los más jóvenes ansiosos de una aventura diferente en el pueblo. Acercó un poco la foto a los ojos: Era un esqueleto de color amarillento con los hombros muy anchos y la cadera estrecha. O era el de una mujer que hacía sumo o ese era el cadáver de un hombre. Y por qué tenía una espada clavada? Acercó más aun la foto e intentó leer una pequeña inscripción que aparecía tallada en su pomo, pero no consiguió distinguir más que unos cuantos números precedidos por unas letras que no parecían formar algo con sentido.

—Qué pasa Jansua? Oyó decir a la bibliotecaria. Rápidamente colocó la foto dentro del tomo que tenía en sus manos y lo encajó en la estantería.

—Nada nada! Contemplaba esta maravilla de libro, contestó sin apartar la mirada de la estantería.

—Pues puedes volver cuando quieras a seguir contemplándolo, pero ahora trabaja que esto tiene que estar ordenado en poco tiempo.

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