Empezaba a amanecer después de una noche larga y tediosa en la que había vivido y sufrido absolutamente de todo. Esa escalada fue peor que subir El Everest y aun estoy a mitad de camino. ¿No os lo creéis? Os cuento.

Comencé a subir la montaña yo sola pero feliz y contenta, pensando que no podía ser algo tan complicado. Si otros la escalaron ¿por qué yo no? Así que remangué mis pantalones y me adentré en ella pero después de unos metros recorridos, otros que estaban bastante más adelantados que yo se voltearon para mirarme por encima del hombro y reírse de mí. Los miré de reojo y seguí escalando. Y por si eso fuera poco, otros se encargaban de decirme por los Walkie Talkies que a dónde iba yo! Si los que iban delante me llevaban años de ventaja. Que no fuera idiota y dejara de perder el tiempo. Una vez más no me importó. Seguí en mi empeño y continué la escalada. Pero de repente me cayó un pedrusco de nieve que me hizo descender 7 metros. Me rasqué la cabeza, tomé aire y continué. Y una vez más ruido en mis auriculares. “Base 1 llamando a Terminator. Regresa a base” “No! Terminator no baja. Por lo menos lo intenta” y seguí subiendo. Y de repente aparece El Yeti, una docena de Yetis y qué hacen? ¿Ayudarme a subir? No. Me tocan el culo. Ni más ni menos. Me libero de esas manos perniciosas y de nuevo desciendo unos metros. Pero como ya estaba acostumbrada a caer, sonrío y sigo avanzando, animándome a mí misma con la canción The Final Countdown . Y de nuevo interrumpen mi canción por los Walkies: “Señora; ha usado métodos prohibidos. Permanezca quieta una semana” “Y los de arriba qué?” protesto yo señalándolos. “Los de arriba, los de arriba… ¡Cállate y no preguntes! Y ahí quieta!” Pasa la semana, desentumezco mis miembros y continúo la escalada, pero esta vez saco alas y empiezo a volar. Adelanto a alguno de los que se giraban y se reían. Los ignoro y continúo avanzando, decidida a coger a los que van escalando con zapatos de tacón e invadiendo territorios que no son suyos. De vez en cuando les mando un avión de papel pero no me hacen ni caso. Tendré que enviar aviones de hierro. En estos momentos aun no veo la cima y lo que me queda para verla, pero ya he recorrido bastantes metros. Suenan de nuevo mis Walkies: Señora! Tiene usted que aprender a bailar para llegar a la cima! Desconecto mis walkies y descanso, pensando que cuando aprendan los jefes a cantar yo bailo por bulerías.

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